| - Oh, ya. Cuelgo ¿eh? quién es.
- A ver, adivinadivinador -bromeas como bromeas
cuando te pido café y llamas a la puerta, bromeas como si todos
tuviéramos la obligación de saber quién eres.
- Ah, ya. Eres Gerarda.
- No que.
- Sí que. Eres Gerarda.
- No soy Gerarda. Soy Ingrid. Soy Nancy. Soy... -te
cambias el nombre y te pones los de mis personajes. Te han gustado
siempre. Siempre te han encantado.
- No cierto, que. Eres Gerarda, la Pelona... ¿ya ves? ya te reístes.
- Sí-i, soy Gerarda ¿cómo lo supistes, mana? -continúas riéndote con tus diminutos dientes blancos.
- Ay, tú, mensa, pa' qué mihablas... ay, y todavía te ríes: ji-ji-jí.
- Y tú ¿eres tú?
- Míala, pus ton’s quién, míala, te digo...
- Es que'stoy sola -le dices mirando alrededor sin
ver más que libros y papeles, papeles y libros que nada te importan. Tú
y mis papeles, tú en mis papeles. ¿Qué harás con ellos cuando no
estoy?- Oyes...
- Qué.
- ¿Por qué no sales un ratito?
-No que. Pa'qué quieres quentre la patrona y a luego...
- Poco te regaña.
-Poco no. Tú porque tu patrón tá reloco y ni
encuenta se da... -te dice insultándome, pero tú sabes que no es cierto
y me defiendes, yo sé que me defiendes.
- ‘Ora, nomás no me lo ‘fendas ¿eh? que conmigo es retebuena gente. Además, a ti quetimporta, poco tu patrona nostá...
- Oh, ya, pa’quétenojas. Oyes...
- Qué.
- Pus, tú, qué, pa'qué mihablas -te dice porque a ti ya se te había olvidado para qué le hablabas.
- Aaah, sí. Es que ti tengo que contar algo.
- Pero púrate, ves quel patrón y la patrona ya no
tardan en llegar -te dice, pero a ti no te importa si yo regreso. Le
haces esperar, no llevas prisa. Estiras, aprietas, deformas el chicle
en tu boca violeta. El polvo en los muebles también te espera. Una
bomba explota entre tus muelas.
- A que ni te cuento, mana.
- Qué, cuéntame, ¿qué te pasó?, ¿Por qué no salistes el domingo?
- Pérate, orita te digo... no comas ansias, ¿qué no ves questoy retemocionada?
- A que ya volvió Luis'n.
- Poco sí.
- Tú, pues, te pregunto a ti si ya volvió.
- Ah, no sé-e. Yo te digo questoy retemocionada por otra cosa. Adivina.
- Oh, pus si no me dices, 'tonces qué mimporta. Cuenta ya, o cuelgo.
- Mírala, pérate pues'n; ah, qué desesperancia la
tuya. ¿Sabes con quién jui el domingo? -y tu corazón se agita y mi
corazón también, ahora todo el mundo sabrá que tu... y que yo... -pus
jui a bailar... ah, perora sí adivina nomás con quién.
-Mi'a namás, canija, pus con quién juistes.
- Pus con el patroooón -y la boca se te llena al
pronunciarlo y la mirada te brilla y mientras masticas con la boca
abierta, tu amiga se queda sin aire. Lo disfrutas tanto, la lengua
sube, la lengua baja, la lengua esquiva tus dientes compuertas, truena
otra bomba en la otra sección de muelas.
- ¿Tas loca, pelona? Ya te dije que buscaras otro
patrón. Ese que disques escritorio, nomás te quiere ver la cara de
guaje; no seas taruga, mana, salte pronto dia'i. Además, dicen quesos
ni pagan-muy segura te dice, como si ella supiera los meses que te debo.
- No seas así, mana, cuáles mañas. 'Ta bien que
cuando no es escritorio, sí me paga. Como, ¿no te digo quel domingo,
quién sa' como quién amaneció y hasta bailar minvitó? -ya no te
acuerdas como quién amanecí ese día, pero hasta tú misma dijiste que
parecía un gran bailarín. Bailamos... -y bailamos toda la nochi, tú.
Hasta si mi 'cabaron los zapatos.
- ¡Jíjole, condenada! Ya caistes en su trampa. Oyes...
- Qué.
- ¿Y cuánto ti debe todavía?
- Cerquitas de los dos meses.
- ¡Yaaa! ¿y así lo sigues aguantando? Pus qué mosca le picó parinvitarte.
- Pus yo crioqui la de Resortes o la de Tin Tan... si baila retesuave, mana. Nomás 'bieras visto, ni parecía escritorio.
- ¡Yaaa! ¿diveras? Me cai que tu patrón es bien raro; quesque 'ora de bailarín... ¡jíjole! Oyes, ¿y escritorio de qués?
- Seeepa. Veces ni trabaja, perotras, nomás loves
a'i metido en el cuarto ese, pero eso sí, mueli que mueli, que le
traiga esto, que le traiga lotro.
- Pero qué, ¿tú, no has leido lo que escribe?
- Nah.
- Oyes, y 'orita onstá.
- A'i -señalas hacia afuera como si ella supiera
dónde me encuentro. Tus ojos comienzan a ir de un lado para otro, sudas
un poco, miras los papeles del escritorio, los tomas -oyes... mira, te
voyaler algo.
- Nooo. Lo mejor nos 'stá oyendo.
- Nah. Si no te digo quihoy amaneció con la pata de perro, porque nomás amaneció y se salió quién sa'pa dónde.
- A ver si no un día amanece como el Hombre ese de Araña y lo ves a'i pegado al techo -te dice como si me conociera.
- Bueno, a'i te va, fíate: "...e l el si sil en
ci o... El silencio re reboz a y zo zo bra a mi tad de la no chi. Los
oí dos ti zumban como grillos disconsolados, si lamentan y ti abruman
il alma..." Oyes ¿qués abruman, tu?
Lees mis líneas sin entender lo que dices, pero ya
no lees para ella, sino para ti y tu boca se abre y se cierra y el
chicle se amolda a tus muelas, ya no te estorba para hablar, saboreas
las últimas gotas de saliva dulce, lees como si fueran tuyas las
palabras, como si tus manos las hubieran creado, tu voz ya no es la
misma, tu voz es mi voz, tus ojos se dejan atrapar por mis líneas y te
liberan del exterior.
- "...sirenas de ambulancias, ladridos, susurros
y sollozos te socavan sin esperanza. Pasa callada la noche, sin viento
sin luna; esperas, dormitas, conoces todos y cada uno de los ruidos de
tu cuarto: la mosca suicida, la grieta helada, la respiración agitada y
el ritmo de tu brazo acariciando la hoja..."
La saliva se te anuda en la garganta. Buscas los
ruidos con tu mirada, tu brazo acaricia el papel y la pluma escupe
palabras, pero tu voz ya no se escucha, miro lo que miras. Eres parte
de mi historia... Soy tu escultura de goma de mascar.
- ¡Pelona! ¿me oyes, canija? Gerarda, 'mbre, questán
por llegar los patrones -te dice. Pero ya no la escuchas -jíjoles,
mana, ¿qué te pasó?, ya te dije que te salieras de a'i, vasacabar igual
de loca quel... ¿bueno?... no me dejes así; míala, tú, babosa, 'ora
verás... cuando hables yo te voy a colgar así ¿eh?... ¿bueno?...
¡bueno!... te doy hasta tres ¿eh?, si no cuelgo. Una... dos... ¡tres!...
Todo el silencio se queda del otro lado. Y tú, te
quedas con el auricular incrustado en la oreja mirando los papeles. Tu
brazo es el mío. Mi brazo es el tuyo. Recuerdo que bailamos ¿o bailé
solo? Yo reflexiono, tú contemplas el auricular, tus ojos parecen
juntarse cuando lo bajas poco a poco sin dejar de mirarlo, cuelgas con
rapidez y luego despiertas... y yo despierto, y con coraje rompo las
notas que acabo de escribir.
|